miércoles, 5 de diciembre de 2007

Fiel | Dios no se ha olvidado de nosotros

Huellas

Una noche un hombre tuvo un sueño. Soñó que paseaba por la playa con el Señor. Por el cielo relampagueaban escenas de su vida. Por cada escena, veía dos pares de pisadas en la arena, un par le pertenecía a él y el otro al Señor.
Cuando la última escena de su vida relampagueó ante él, miró hacia atrás a las pisadas en la arena. Se dio cuenta de que en varias ocasiones durante el transcurso de su vida, había solo un par de pisadas. También se dio cuenta de que eso sucedía en los peores y más tristes momentos de su vida.
Esto realmente le molestó y le preguntó al Señor sobre ello: “Señor, Tú me dijiste que una vez que yo hubiera decidido seguirte, Tú ibas a caminar conmigo todo el camino. Pero me he dado cuenta de que en los momentos más problemáticos de mi vida, sólo hay un par de pisadas. No puedo entender que cuando yo más te necesitaba, Tú me abandonabas”.
El Señor le contestó: “Mi amado, amado hijo. Yo te amo y nunca te abandonaría. Durante tus momentos de prueba y sufrimiento, cuando veías un solo par de pisadas era porque yo te estaba cargando en mis brazos”
-Anónimo.



He leído este escrito en varios libros, y he podido comprobar la fidelidad de Dios TODOS los días de mi vida.
El 2003 fue para mí un año bastante complicado, fue un tiempo de cambios en varias áreas, estaban sucediendo muchas cosas que me hacía dudar de la fidelidad de Dios.

Una noche, después de horas de llanto, rendida, comencé a orar, clamaba por sanidad, necesitaba sentir a Dios como el Padre que es, de repente ví un cubo blanco en un lugar muy, muy amplio, era un blanco que resplandecía, ahí estaba un hombre sentado de piernas cruzadas y entre sus brazos un bebé, que sujetaba con tanto amor!, lo acariciaba, jugaba con el, luego veía a ese bebé más crecido, tenía aproximadamente 1 año, ya se paraba, sus pequeñas manos rodeaban el dedo índice de su padre y sus piernas temblaban, daba pequeños pasos… De repente esta niña tenía ya 4 años, y corría de la mano de su padre, corría con mucha energía, pero de repente sus piernas tropezaron y se cayó, pero volvió a pararse y siguió corriendo hasta caer de nuevo, el padre la tomó entre sus brazos mientras ella lloraba desconsolada, secó sus lágrimas y siguió… Pero no tenía 4 años, sino que ya tenía 8, ella corría y corría, el camino no era el mismo, ya habían piedras, agua, barro y cada vez que se caía su padre la levantaba, la consolaba, sanaba sus heridas y seguían corriendo juntos, de repente veo a esta misma niña pero ya de aproximadamente 14 años, era yo, corría y corría, mi Papá me rodeaba con sus brazos por si volvía a caer, caía pero ahí estaba Él para levantarme, el camino tenía más obstáculos, pero muchos de ellos yo ya sabía como pasarlos, porque anteriormente ya me había caído con ellos y esto terminó aquí, el amor de Dios inundó mi corazón, sentí los brazos de Dios, su presencia, su paz, mientras meditaba en lo que había “visto” comenzaron otras imágenes a completar la visión anterior, parecida a una presentación en ppt, empecé a ver diferentes situaciones en mi vida donde me veía aparentemente sola, como lo eran las horas que permanecía sentada en la puerta de mi casa, con los ojos pegados en el portón, esperando ver a mi papá después de meses de espera y de promesas sin cumplir, las continuas peleas de mis papás cuando yo estaba muy, muy chica, etc. Momentos que nadie más había visto, que yo había olvidado, pero en esas mismas imágenes, Dios me mostró una por una.
Con esos, muchas veces mal nombrados, “detalles de la vida” que claro, había pasado por alto.


Muchas veces en este caminar creemos que Dios se ha olvidado de nosotros,
Porque no responde nuestras oraciones o más bien somos nosotros quienes nos tomamos solo el tiempo de hablar y cuando Dios responde, tenemos TANTO que decir que no escuchamos su voz...

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